El objetivo del tratamiento no es sólo el
descenso del peso, sino el del mantenimiento de este en niveles cercanos al
peso ideal. Para ello, además de la restricción calórica de la dieta,
trabajaremos para que el paciente aumente su actividad física y ayudarlo a
eliminar reservas energéticas superfluas; además, la educación alimentaria nos
permitirá que cambie sus hábitos dietéticos y adquiera pautas para una
alimentación correcta y equilibrada; finalmente, la aplicación de una
psicoterapia irá encaminada a potenciar
su autoestima y facilitarle la modificación de conductas adquiridas.
De
todos los tratamientos propuestos para la obesidad, el único realmente efectivo
es la dieta que consiga un balance energético negativo o DIETA HIPOCALÓRICA. En cualquier
caso, para que no se vea perjudicada la salud física y mental del paciente, la
dieta, variada y equilibrada, deberá aportar los nutrientes necesarios que
eviten cualquier tipo de carencia y que permita una pérdida de peso a un ritmo
adecuado (1Kg./semana); las dietas
estrictas con pérdidas ponderales rápidas conllevan una recuperación de los
kilos perdidos aún más rápida. Por otro lado, para conseguir mantener la dieta
el tiempo necesario y obtener los resultados esperados es esencial la
motivación del paciente, más fácil de conseguir cuando la iniciativa de
adelgazar parte de él mismo. La salud, es posiblemente la motivación más
importante, sin olvidar otras del tipo de la estética, social, cultural, etc.
Problemas importantes como enfermedades, fallecimientos, divorcios, pérdidas de
trabajo, etc., deben posponer el intento de la pérdida de peso.
Para
instaurar una pauta dietética correcta es preciso conocer a fondo, mediante un
interrogatorio detallado, los hábitos alimentarios del paciente, su forma de
vida y su historia clínica. Debemos interpretar las sensaciones que se refieren
al apetito, el hambre, la saciedad y la satisfacción, para evaluar posibles
exageraciones de las mismas de tipo patológico.
Entre los
comportamientos alimentarios alterados en el obeso podemos encontrar:
Ø Hiperfagia
prandial: el enfermo
presenta un apetito insaciable, con un aumento de la cantidad y calidad de la
comida. Es un trastorno propio de varones, que consumen alimentos "de
hombres" (carnes, quesos fuertes, alcohol, etc.) y que están orgullosos de
su corpulencia. Suelen pertenecer a familias con hábitos alimentarios
exagerados.
Ø Bulimia: es un trastorno grave caracterizado por
crisis de ingestas abundantes y compulsivas, que requiere de tratamiento
psiquiátrico.
Ø Compulsiones alimentarias:
se manifiesta como ganas de comer sin apetito y casi siempre alimentos
glucídicos.
Ø Picar: es un consumo continuo de pequeñas
porciones de alimento, de carácter automático, sin ganas y sin predilección por
un alimento específico.
Al
proponerse la dieta en estos pacientes, debemos tener en cuenta además la
existencia o no de patologías asociadas, caso muy frecuente en la obesidad.
Entre estas destacan: HTA, diabetes mellitus, hiperlipemias e hiperuricemia.
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