Se entiende por dieta hipocalórica a aquella que aporta una cantidad de energía
inferior a la necesaria para el mantenimiento del peso, si bien el término
suele reservarse para dietas con un aporte calórico significamente inferior a
los requerimientos habituales, es decir, menos de 1.800 Kcal. En cualquier caso
señalar que estos valores pueden ser también normocalóricos en individuos con bajos requerimientos
energéticos (ancianos, sedentarios,…).
Una
dieta hipocalórica se caracteriza por:
A) Energía: la reducción energética
debe realizarse sobre la base del requerimiento energético teórico, utilizando
las clásicas ecuaciones basadas en la edad, sexo, talla, peso y actividad
física. En general el aporte alimentario, en este tipo de dietas, debe de ser
cuantitativamente restringido y cualitativamente equilibrado.
Habitualmente,
el valor energético de las dietas hipocalórica ambulatorias suele estar
comprendido entre las l.200 y 2.000 Kcal. Dentro de estas, consideraremos que
aquellas cuyo aporte energético no sea inferior a 1.500 Kcal./día y estén bien
estructuradas son equilibradas ya que contienen todos los nutrientes adecuados.
Señalar que el aporte energético inicial deberá ser
reajustado en el transcurso del tratamiento a medida que disminuye el
metabolismo basal con la disminución del peso. Por ello es siempre conveniente
empezar con el máximo aporte, para poder reducirlo más adelante si fuese
preciso en relación con la evolución ponderal del paciente.
Según el grado de restricción calórica
podemos considerar las dietas hipocalóricas como:
v Dietas moderadamente hipoenergéticas: aportan entre 1.800 y 1.000 Kcal. /
día. Son las de primera elección.
v Dietas de bajo valor calórico (LCD – “Low
calories diets”):
con valores calóricos comprendidos entre 1.000 y 800 Kcal. / día. Indicadas en
casos de obesidad mórbida y siempre bajo estricto control médico.
v Dietas de muy bajo valor calórico (VLCD –
“Very low calories diets”): aportan entre 800 y 400 Kcal / día. En obesidad mórbida y bajo
control hospitalario. Deberán ir precedidas de una dieta hipocalórica
equilibrada (alrededor de 1.200 Kcal.) y se mantendrán de forma limitada (12 –
16 semanas) para evitar una depleción proteica visceral y/o afectación
cardiaca, entre otras múltiples complicaciones.